Escaño abierto


Una agenda internacional de retos

Arturo Zamora Jiménez

México vive un momento complejo en su política exterior, tanto frente a América del Norte como ante Centroamérica.

La renegociación del TLCAN ha dado giros inesperados, dada la decisión norteamericana de imponer aranceles a materias primas estratégicas de varios países, México incluido, y la amenaza de hacer lo mismo con los automóviles.

El resultado ha sido un alud de recursos legales cruzados ante la OMC por parte de las autoridades europeas, canadienses, asiáticas, mexicanas y de Estados Unidos. En el plano doméstico, cientos de representantes republicanos y demócratas, a más de los propios armadores, han hecho llegar al presidente Trump sólidas argumentaciones sobre el elevado costo del arancel de 25% a los automóviles, para el consumidor y en términos de empleo.

Mientras Trump aventura la propuesta de un acuerdo bilateral, primero con México y luego con Canadá, ante lo cual ambos países han respondido de manera inteligente, empujando el avance de los trabajos del TLCAN y dejando ver su firme voluntad tripartita.

En el frente centroamericano están abiertos dos serios expedientes: los asuntos de seguridad, migración y desarrollo de Guatemala, Honduras y El Salvador y la severa crisis que se vive en Nicaragua.

En la reunión sostenida el pasado 5 de julio en Guatemala, los gobiernos de estos países, junto con México y Estados Unidos, acordaron trabajar conjuntamente para solucionar el drama humanitario de los niños separados de padres migrantes. Acordaron también una agenda de compromisos para promover el desarrollo, el empleo y el combate de la desigualdad, como verdaderas causas de la migración desde el Triángulo Norte de Centroamérica.

Por su parte, Nicaragua vive una severa crisis política en el marco de una lamentable situación económica que ha generado protestas multitudinarias, violencia política y una cruel represión.

Luego de una controvertida elección, el 7 de junio, el Episcopado nicaragüense propuso al presidente Daniel Ortega adelantar las elecciones a marzo de 2019, para definir en las urnas la voluntad popular.

En rechazo a esta petición, el 19 de julio Ortega “celebró” los 39 años del triunfo de la revolución sandinista y del derrocamiento de la dictadura de Anastasio Somoza, con un acumulado de más de 300 víctimas de los disturbios en el país.

El día anterior, la OEA aprobó por abrumadora mayoría una resolución en la que pide al excomandante sandinista que acepte la propuesta de la Iglesia y abra un diálogo nacional que lleve a la pacificación.

En este marco, la delegación mexicana irritó a la nicaragüense al expresar su preocupación por la destitución de 28 diputados opositores, lo que el embajador mexicano, sub secretario para América Latina y el Caribe Luis Alfonso de Alba, señaló como una medida que “debilita y prácticamente neutraliza la oposición en un momento en el que el país está inmerso en un proceso de deliberación interna” como salida a la crisis política.

Tales son los asuntos que, junto a la agenda de la XIII Cumbre de Presidentes de la Alianza del Pacífico, que se celebra en Jalisco esta semana, hoy dominan la política exterior mexicana.

Mucho temple, visión de Estado y oficio se han requerido para resolverlos a favor del interés nacional.

Tanto la incertidumbre en la relación con los Estados Unidos, como la ola de proteccionismo global y la complejidad de la problemática centroamericana, plantean retos muy complejos para la próxima administración.

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