Escaño abierto

13-Aug-2018

 

 

Alternancia democrática, división de poderes y contrapesos

 

Arturo Zamora Jiménez

 

Al recibir la constancia de presidente electo de México, Andrés Manuel López Obrador afirmó que el Ejecutivo federal “no será más el poder de los poderes”, ya que respetará la soberanía de los poderes Legislativo y Judicial, así como la competencia de los órganos autónomos del Estado.

 

El sistema democrático que construimos en las últimas décadas ha permitido la alternancia política en varias ocasiones del siglo XXI, gracias a un entramado institucional que establece condiciones para que las fuerzas políticas contiendan en igualdad de circunstancias.

 

En este desarrollo político, el Ejecutivo federal dejó de ser el poder determinante del orden institucional. La presidencia de la República como figura central del régimen político, inseparable de un partido hegemónico, dotado de facultades meta constitucionales y autoridad preponderante en el orden federativo, dejó de existir hace décadas.

 

La consolidación de este régimen constitucional de división y equilibrio de poderes se logró gracias a iniciativas de gobiernos y legislaturas priistas, al impulso de las oposiciones y a numerosas iniciativas de la sociedad civil.  Fue un proceso histórico que cambió, en forma progresiva, el sistema electoral y de partidos, modernizó y democratizó al Estado y el orden jurídico e institucional republicanos.

 

También fue decisiva la incorporación de los derechos humanos en el bloque de garantías constitucionales, la creación de la CNDH, la autonomía del INE, del Banco de México y el INEGI, además de los órganos autónomos de regulación en materia de competencia económica, energía, telecomunicaciones y transparencia e información pública.

 

Esto ha llevado a que la doctrina jurídica se pregunte si el viejo modelo de división de poderes ha sido rebasado. Queda claro, sin embargo, que el control de la constitucionalidad continúa en manos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y sus instancias jurisdiccionales, lo que confirma que si en las democracias contemporáneas hubiera un “poder de poderes”, éste sería el Poder Judicial.

 

A partir de lo anterior, destacan tres notas de la reciente reunión del presidente electo con el pleno de la SCJN: el restablecimiento de un diálogo respetuoso, la manifiesta voluntad de colaboración institucional del Poder Judicial y el respeto a decisiones en las que la Corte mantiene criterios distintos.

 

El siguiente capítulo que pondrá a prueba la intención presidencial de respetar a los otros poderes, será su posición respecto a la tramitación de la propuesta para el nombramiento de los fiscales, el general y los especializados en asuntos electorales y anticorrupción ante el Congreso.

 

Esperemos que también la bancada mayoritaria muestre la voluntad de hacer valer la autonomía del Poder Legislativo y de respetar a las fracciones opositoras.

 

Si los mexicanos queremos seguir gozando de las libertades y derechos de un régimen constitucional y democrático, es fundamental estar atentos y vigilantes a que el próximo presidente respete las resoluciones que competen al Poder Judicial, a los legisladores y a los organismos dotados de autonomía constitucional.

 

En los próximos meses, los poderes públicos, los partidos de oposición, la sociedad civil, los agentes sociales y económicos y los medios de comunicación, tendremos la responsabilidad de ser un contrapeso real al ejercicio del poder presidencial, de evitar que se violente el federalismo, se abuse del poder o intervengan los poderes fácticos. Todos debemos estar atentos.

 

 

 

[1] Secretario general de la CNOP.

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