En honor al amigo, al maestro…


Sin un pelo de…

Por Sergio Villa Pérez

Fue un gran honor, fue un gusto, fue una celebración ser compañero del Doctor Mario Rivas Souza; un gran hombre que se dedicó a una profesión y lo hizo con orgullo, con pasión, con entrega, con amor, ética y valor… Así fue la vida del Doctor, Mario Rivas Souza.

En varios puntos de nuestra vida coincidimos; unas como Director del Semefo y reportero; otras como Director del Semefo y su servidor como Jefe de Comunicación Social del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses; pero siempre con el amor y el respeto de un médico dedicado a su profesión, a la práctica de la autopsia y determinar la causa de muerte.

El, desde la década de los 50 ya estaba ahí, a mí me tocó ir a reportear ya en los 80’s; pero desde siempre su enorme conocimiento fue la fuente de inspiración; recuerdo cuando les decía a los reporteros que lo entrevistaban que llegó al Semefo el 1 de marzo de 1953, aún estaba en la Escuela de Medicina y lo aceptaron como meritorio.

El Doctor Rivas Souza nació el 10 de mayo de 1926 y desde el inicio de su vida fue de deporte, estudio, medicina y forense; fue Director del Servicio Médico Forense cuando el servicio pertenecía al Supremo Tribunal de Justicia, lo fue luego cuando el Congreso del Estado lo deriva a la Procuraduría General de Justicia del Estado y lo fue también cuando se crea el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses.

Su participación en las diversas investigaciones fue determinante los casos de mayor impacto internacional los supervisó él; realizó las necropsias del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, y se enfrentó a un sistema político que pretendió dirigir la investigación a su conveniencia ya que defendió el ataque directo al prelado.

En múltiples ocasiones recibió llamadas de funcionarios de gobernación para que evitara dar a conocer el resultado de los dictámenes de las causas de muerte de personajes importantes de la vida política, económica y social de Jalisco.

En la vida profesional fue un hombre humilde ya que fue capaz de ofrecer disculpas cuando sintió que llevó al límite su exigencia de claridad en la información; por lo que su corazón siempre fue abierto y dispuesto a dar y a ofrecer ayuda a los menos capaces.

La vida del Doctor Mario Rivas Souza siempre fue una aventura para salir adelante; lucho por la modernización y habilitación del servicio, inició con la incineración de cuerpos, aún hoy su trabajo es vigente y la crisis de los tráileres estuvo fuera de su alcance ya para entonces él no era el responsable.

Mi más grande admiración y respeto por el decano de la medicina forense, el Doctor Mario Rivas Souza.

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