Antidemocracia disfrazada de democracia


Escaño abierto

Arturo Zamora Jiménez[1]

La aprobación de la reforma constitucional en materia de revocación de mandato y consulta popular representa una burda simulación en el uso de mecanismos propios de la democracia participativa. Tiene el propósito de que el presidente de la República mantenga la dinámica actual de su infinita campaña electoral y aparezca como demócrata en la boleta de la elección intermedia de 2021 y abra así la posibilidad de su reelección y de la permanencia en el poder de su partido.

Los partidos de oposición, el sector privado y diversas organizaciones de la sociedad civil, así como los analistas, coinciden en que el texto constitucional aprobado es una grave regresión en el proceso de democratización, pues se engaña a la gente con la atractiva frase de que el “pueblo pone y el pueblo quita”; ojalá que así fuera, sin embargo, se trata de una simulación de la mayoría oficial.

La revocación de mandato es una figura de la democracia participativa y directa que tiene como esencia ampliar el poder del ciudadano para que, ante los resultados deficientes de un gobierno, pueda solicitar su destitución. No obstante, lo aprobado por la Cámara de Diputados es todo lo contrario, ya que otorga al presidente la facultad para consultar al pueblo cuando a él le convenga definir si debe permanecer o no en el cargo.

Más allá de la palabra del titular del Poder Ejecutivo, es claro que se pretende instaurar un presidencialismo autoritario mediante la eventual ratificación y prolongación de su mandato, así como una democracia dirigida sustentada en consultas populares a modo, en las cuales el presidente decide en qué casos el tema no es de interés público, como sucedió recientemente, y en cuáles se incumple su compromiso público.

Estamos ante el riesgo de una regresión del régimen democrático que se disfraza con el discurso del poder ciudadano, pero que podría ser la puerta de entrada a un grupo político o la creación de un nuevo partido hegemónico que pretende perpetuarse en el poder. Basta recordar la experiencia internacional reciente de cómo una “revocación de mandato” a modo conduce a la reelección presidencial, como en Venezuela, Cuba y Bolivia, que siguieron esa ruta para consolidar un presidencialismo autoritario.

Con esta reforma, el nuevo gobierno revela el verdadero rostro del cambio de régimen que se propone. Transitaríamos de una democracia constitucional, participativa y representativa a un régimen autoritario.

Esperemos que en el Senado de la República los grupos de oposición logren modificar la minuta de la reforma para que el texto constitucional mantenga en el centro de la discusión al ciudadano. Hay que evitar que los poderes de la Unión, eventualmente, sean rebasados con la manipulación de la revocación de mandato y la consulta popular. Es el momento de hacer valer los contrapesos institucionales por el bien de México.

[1] Secretario general del CEN del PRI.

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