Incredulidad, ayer y hoy

Por Armando Maya Castro

Desde el brote del coronavirus en China, en diciembre de 2019, diversas voces sin conocimientos científicos se han alzado en redes sociales para poner en duda la existencia del virus y su alta peligrosidad, afirmando que se trata de una falsa pandemia, de un montaje global, un “golpe de Estado” mundial.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), que “genera información sanitaria fidedigna, en consulta con destacados expertos”, señaló el pasado lunes que el Covid-19 es 10 veces más mortal que la influenza A-H1N1, el virus que brotó en México a finales de marzo de 2009, obligando a nuestro país a activar su alerta epidemiológica. Esta gripe porcina, causada por un virus nuevo que mutó en los animales y comenzó a infectar a los seres humanos, ocasionó la muerte de 18 mil 500 personas en el mundo, mucho menos que las casi 127 mil víctimas fatales que, hasta el día de ayer (miércoles), había provocado el nuevo coronavirus.

Aquí la declaración de Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, respecto a la alta letalidad del Covid-19: "La evidencia de varios países nos está dando una idea más clara sobre este virus, cómo se comporta, cómo detenerlo y cómo tratarlo. Sabemos que COVID19 se propaga rápidamente y sabemos que es mortal, 10 veces más mortal que el virus responsable de la pandemia de gripe de 2009 ".

A pesar de lo que este organismo anuncia al mundo entero, existen “expertoides” que, sin ser médicos, infectólogos, virólogos o epidemiólogos, se atreven a poner en duda, sin bases científicas, los informes del organismo prestigioso y serio antes mencionado, negando una realidad como el coronavirus, que está afectando de manera significativa la salud de millones de seres humanos.

Dudas siempre las ha habido, y a manera de ejemplo me referiré a los contemporáneos de Noé, la mayoría de los cuales puso en duda el anuncio profético respecto al diluvio. Sin embargo, de acuerdo con el relato bíblico, su incredulidad cambió cuando comenzaron a ver que la lluvia descendía y anegaba paulatinamente la superficie de la tierra y todas las cosas materiales creadas.

Al ver lo que sus ojos nunca habían visto, la generación de aquel tiempo se dio cuenta de que lo que Noé anunciaba como pregonero de justicia no era un invento creado por él con el propósito de atemorizar a los seres humanos. Al contemplar estupefactos el principio del diluvio, los hombres de aquella época fueron a tocar la puerta del arca, suplicando que se les permitiera entrar, algo que Noé, a pesar de su gran corazón, ya no podía hacer. Y es que ya nada dependía de él, sino de Dios, quien había sellado herméticamente la puerta del arca para que nadie entrara ni saliera.

Hoy, mucha gente tampoco cree en el peligro que representa el Covid-19, ni siquiera viendo las imágenes y videos en los medios de comunicación, los cuales retratan la dolorosa realidad que se vive en los hospitales, crematorios y panteones de varios países.

No creen en la peligrosidad del coronavirus ni oyendo los testimonios de los afectados, ni escuchando a los gobernantes de todos los países, ni a los medios de comunicación, ni a los directivos de organismos serios como la Organización Mundial de la Salud, que junto con los expertos en epidemiología, infectología y virología han pedido a los habitantes del mundo que cuiden su salud.

Para la gente incrédula de hoy, todos estamos de acuerdo para sostener una farsa que ocasiona afectaciones a la economía y al empleo, esto último en detrimento de los que menos tienen. Para estas personas son más importantes las afectaciones económicas que el contagio por Covid-19, una enfermedad que, según médicos del Servicio Nacional de Salud del Reino Unido, ocasiona no sólo problemas pulmonares, sino también cardiacos y renales.

Por ello me permito comparar la sociedad del tiempo de Noé con la de nuestros días sólo en materia de incredulidad. En mi opinión, un alto porcentaje de los seres humanos de hoy somos más obstinados que los de aquel tiempo, y mucho más difíciles que los animalitos de aquella época, con los cuales no batalló tanto Noé para meterlos al arca y ponerlos a salvo de la catástrofe que se aproximaba.

Lo importante es que el gobierno que encabeza Andrés Manuel López Obrador, pese a la incredulidad en comento, está haciendo bien las cosas ante la inevitable expansión del coronavirus, tal como han reconocido algunas voces de la Organización Mundial de la Salud.

Twitter: @armayacastro

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