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Reinserción y albercadas mediáticas


Por Sergio Villa Pérez

Con la cuarentena y el aislamiento a la que estamos sujetos por la pandemia sufrimos del encierro, pero existen otros seres humanos que soportan además la condición de estar privados de la libertad, y sin confirmar lo que hacen para mantener la seguridad en el interior de las prisiones, medios de comunicación como Mural y otros que han seguido el tema por inercia, se han subido al tren de la estigmatización por supuestas actividades deportivas y culturales “irregulares”.

Lamentablemente, se carece de reflexión en torno al asunto de la reinserción social, que quienes hemos pasado laboral y periodísticamente por áreas de seguridad conocemos de primera mano.

Las actividades culturales y deportivas son muy importantes, de hecho son ejes de la reinserción social, que las leyes penales establecen al nivel de derechos humanos. Pero en las circunstancias actuales, las generadas por la contingencia sanitaria de COVID19, la convivencia deportiva y cultural adquiere enorme importancia psicológica.

Toda la población “libre” sufre los efectos psicológicos de la cuarentena, es fácil entender el estado de ánimo en el que las personas privadas de la libertad pueden caer debido al aislamiento del encierro y debido también a la suspensión de visitas de familiares, necesaria para evitar contagios. Lo que es difícil de entender es que haya quienes recurran a la estigmatización y al estereotipo en estos momentos especiales.

Las personas privadas de la libertad no pierden la gran mayoría de sus derechos, lo único que pierden temporalmente es su libertad de deambular, pero nunca sus derechos humanos y aún menos el derecho a la cultura y al deporte, que son formativos para toda persona.

Las personas enteradas debieran reconocer la pertinencia que las autoridades penitenciarias mostraron al implementar acciones especiales, ya que se vive una etapa igualmente especial en términos de salud, tan especial que resulta inédita, totalmente desconocida incluso para la Organización Mundial de la Salud.

“La albercada”, como se ha estereotipado a una actividad deportiva y recreativa realizada en el reclusorio femenil de Puente Grande, necesaria para conservar la salud emocional de las personas privadas de la libertad y es de suponer que realizada con filtros sanitarios, debe ser reconocida como tal y no malinterpretada insidiosamente.

COVID19 no genera sólo efectos fisiológicos, ha atacado la salud mental y el estado de ánimo de todas las personas en todo el mundo. Las personas privadas de la libertad no son la excepción, y aún menos sus familiares, a quienes agreden la desinformación y la estigmatización.

Aprovecho para compartir el video de la nota de Televisa GDL, al respecto de esa actividad deportiva y recreativa, que la muestra tal como ocurrió, con los objetivos institucionales y humanitarios que la motivaron.

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