El mal gobierno se gestó desde antes de la pandemia

24-Jun-2020

 

Por Homero Aguirre Enríquez

Vocero Nacional del Movimiento Antorchista

 

Después de varios meses de confinamiento y ausencia de ingresos monetarios, millones de mexicanos se ven obligados a retomar sus actividades a pesar del riesgo de enfermarse gravemente. La mayoría retorna en el total desamparo, pues la realidad se presenta muy adversa: desaparecieron 12 millones de empleos, formales e informales; crecen alarmantemente la pobreza, la delincuencia en todas sus variantes, los desaparecidos, los contagios de Covid y otras enfermedades al mismo tiempo que aumenta la tensión social. Esa es la explicación de que la precampaña electoral de López Obrador, la semana pasada, no haya sido recibida con clamorosos aplausos como él esperaba, sino con múltiples manifestaciones de inconformidad por el abandono y la falta de alternativas del gobierno; no es muy difícil concluir que las protestas y reclamos aumentarán en la medida que no se ataque el fondo de la problemática nacional, algo que se antoja imposible con el actual gobierno.

 

No es que ahora tomemos la fácil postura de profeta a posteriori. Desde mucho antes que fuera electo como presidente Andrés Manuel López Obrador, los antorchistas sostuvimos que sus propuestas y las consignas de campaña que lanzó, aunque resultaron efectivas para capitalizar y detonar electoralmente el justificado descontento de la gente, no eran ni de lejos un plan sólido, bien meditado, anclado en la realidad de México y del mundo y dotado de instrumentos científicos para resolver el principal problema de nuestro país: la gran cantidad de pobres, resultado de la mala distribución de la renta y del poco volumen que aún alcanza esta, debido a que quienes han gobernado nunca lograron convertir a nuestro país en una potencia económica que brinde ingresos dignos, alimentación, servicios y educación a todos los mexicanos, a pesar de contar con los recursos naturales y un pueblo muy trabajador.

 

 A diferencia de algunas personas que ahora se lamentan de lo que llaman la traición de López Obrador después de haberlo apoyado para escalar, nosotros publicamos nuestra oposición, lo sostuvimos mediante argumentos y textos  públicos de nuestros dirigentes y por eso nos sentimos tranquilos y con obligación de reiterarlo ahora que el país enfrenta una crisis sanitaria y económica más profunda. Esa oposición abierta y argumentada de nuestra parte es lo que explica la rabia con la que nos atacan y calumnian el presidente y algunos corifeos suyos como el gobernador de Puebla y otros más insignificantes aún. Pero sus ataques no desmienten uno solo de nuestros argumentos, que concluyen que la 4T es un fracaso y un engaño. Rescatar el viejo ataque facturado para desprestigiarnos repitiendo al estilo Goebbels que “queremos moches y por eso protestamos”, es una manera muy burda de intentar desviar la atención y una grave calumnia contra millones de mexicanos antorchistas. Una vez más le decimos a Andrés Manuel López Obrador que miente; si tiene pruebas de su calumnia, ¿qué espera para presentarlas ante un juez imparcial y no en su particular tribunal del Santo Oficio que monta cada mañana?

 

Muy a tiempo advertimos a los antorchistas y a millones de mexicanos a los que pudimos plantear nuestras ideas, que López Obrador iniciaría una descabellada ruta hacia el enfrentamiento estéril y que estaba a punto de desatar furias que no podría calmar posteriormente. Criticamos que su bandera de lucha contra la corrupción la pusiera como el remedio mágico a la desigualdad, al atraso entre regiones, a la falta de recursos para los sistemas de salud de educación de vivienda, carreteras etc. 

 

No hubo manera de que millones de mexicanos atendieran estas razones nuestras; votaron por López Obrador confiando en que muy pronto las cosas mejorarían. Pero no había avanzado mucho el sexenio, cuando las deficiencias de López Obrador y su gobierno se mostraron nítidamente. El presidente empezó a desmantelar estructuras de la administración pública, programas sociales, organismos independientes, pero sobre todo puso en el centro de su política la persecución a quienes pudiéramos hacerle un contrapeso social; para lograr este fin de aislarnos y desprestigiarnos, emprendió una gira durante la cual pronunció cientos de veces un aburrido discurso satanizando a cualquier organización con el mote de intermediaria, al mismo tiempo que cancelaba cualquier posibilidad de gestión independiente de su mano.

 

Los resultados de 18 meses de gobierno de la 4T están a la vista: la economía se estancó dramáticamente, no existen programas para el desarrollo de infraestructura básica, ni de vivienda popular, ni apoyo real y masivo a los productores agropecuarios, que están en crisis permanente; miles de millones de pesos de empresarios privados han salido de México, se ha disparado el desempleo, y la delincuencia campea por el país.

 

Y todo esto ya ocurría sin que hubiera pandemia. La terrible enfermedad solamente vino a evidenciar aún más el carácter estrecho de la visión gubernamental de López Obrador y a acelerar la velocidad de su único plan: acopiar un volumen gigantesco de dinero que le garanticen lealtades compradas en las elecciones, pero de ninguna manera para hacer un país más próspero, más equilibrado en los ingresos de sus habitantes, con alto desarrollo económico, infraestructura hospitalaria, educativa y de telecomunicaciones similar a la de los países nórdicos, a los que él solía citar para avivar artificialmente la imaginación popular. En la pandemia, el presidente y su proyecto enseñaron el cobre de la peor manera, no han estado a la altura para atender peticiones básicas de millones de mexicanos que se quedaron sin empleo y sin ingresos, para proteger eficazmente a los médicos, para desarrollar rápidamente una operación que salvará vidas. No lo hizo ni lo hará, no es su plan ni su interés principal; le resulta más fácil intentar salir a comprar votos aunque el país permanezca pobre y estancado, y para ese fin meramente electoral está reservando una gran bolsa para llegar el próximo año a repartir dinero como quien reparte dulces o bolo en una boda. No volvamos a caer en el engaño ni permitamos que compren nuestro voto; ganémosle a Morena y a López Obrador la mayoría en la Cámara de Diputados, generemos un contrapeso real a López Obrador y sus poses de dictador, o la mayoría de los mexicanos permaneceremos otras décadas entre lamentos y enfrentamientos estériles.

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