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Santa Cena 2020


Por Armando Maya Castro

La tarde-noche del pasado 14 de agosto, la familia de la fe en 60 naciones de los cinco continentes mostró al mundo su luz. Los miembros de ésta proyectaron su resplandor desde la privacidad de sus hogares, en un ambiente de piedad, devoción y religiosidad, como si hubieran viajado a Guadalajara u otra ciudad del mundo para cumplir el mandamiento de Cristo relativo a la Santa Cena.

Se trata de la solemne y máxima reunión de la Iglesia La Luz del Mundo, que tuvo su epicentro en Phoenix, Arizona, en los Estados Unidos de Norteamérica, logrando atraer la mirada de millones de creyentes a partir del inicio del servicio de adoración a las 20:00 horas, tiempo del centro de México.

El Memorial Sagrado se realizó, como siempre, en el marco de la Santa Convocación, la festividad que este año se efectuó no sólo en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, sino en todas las grandes y pequeñas poblaciones del mundo, en cada casa habitación consagrada como un templo para la gloria de Dios.

La Santa Cena es un llamado a la comunión con Dios y su Hijo Jesucristo; es la ocasión más solemne para adorar a Dios y al autor de la redención de las almas, como quedó de manifiesto en cientos de miles de hogares que en el transcurso del servicio de alabanzas practicaron la adoración en espíritu y en verdad, ordenada por Dios en su palabra.

El propósito de la Santa Cena es consolidar la unión perfecta entre Dios, Jesucristo, su Apóstol y su Iglesia, esto a través de la participación digna del pan y del vino, elementos que, luego de ser bendecidos con autoridad apostólica, representan el cuerpo y la sangre de Cristo.

La transmisión del evento en vivo por Internet y las plataformas digitales de YouTube y Facebook se originó en el templo principal de Phoenix, capital del estado de Arizona. De esa ciudad estadounidense, la señal viajó a todo el mundo y entró a cientos de miles de viviendas de diferente nivel socioeconómico, habitadas por miembros de esta comunidad religiosa, hombres y mujeres de todas las edades.

Es importante mencionar que el uso de las tecnologías digitales no le restó valor ni solemnidad a la ceremonia religiosa, que la noche del viernes captó el interés de millones de almas alrededor del mundo, produciendo en todos ellos el mismo efecto y alegría que han experimentado cuando se trasladan por tierra, mar y aire a la ciudad de Guadalajara para participar de este memorial.

Aunque los expertos en materia de digitalización señalan que los primeros segundos de un vídeo en vivo para redes sociales son clave para capturar la atención de los usuarios, y que de no ser así los usuarios emigran en busca de otros contenidos web, lo cierto es que quienes se conectaron a la transmisión de la Santa Cena permanecieron en ella de principio a fin, por más de tres horas.

El magno evento fue visto a través de dispositivos digitales, teléfonos inteligentes y tabletas, laptops y pantallas con internet de distinto tamaño, colocadas en las salas y/o comedores de las casas, en espacios de distinta dimensión, mismos que fueron decorados creativamente con adornos alusivos a la Santa Cena.

En estos hogares, consagrados al culto desde que la Iglesia La Luz del Mundo suspendió el pasado mes de marzo las ceremonias religiosas en los templos para no exponer a sus fieles al contagio del coronavirus, se experimentó un gozo desbordante e indescriptible, el mismo que proporciona a las almas la oración de misericordia y el perdón de pecados que por medio de ella se alcanza.

El fervor y espiritualidad del servicio de adoración, presidido en Phoenix por el pastor evangelista Octavio Herrera Basurto, se incrementó de manera impresionante cuando el Apóstol de Jesucristo Naasón Joaquín García se hizo presente en la Santa Cena por medio de una llamada telefónica. Este enlace telefónico, que se prolongó por espacio de 1 hora, fue de enseñanza, consuelo y alegría para la Iglesia, así como de garantía de que en Cristo Jesús los presentes en la Santa Cena alcanzarían perdón y comunión.

Se procedió enseguida a la bendición del pan y del vino, que en esta ocasión impartieron los pastores y diáconos sólo a un reducido grupo de hermanos de Phoenix, quienes participaron presencialmente en representación de millones de fieles diseminados en las naciones donde esta fe tiene presencia.

Al término del servicio religioso, con una Iglesia fortalecida y pletórica de felicidad, se oró en todo el mundo por las autoridades de gobierno de todos los países, principalmente por las de Phoenix, que brindaron a la Iglesia todas las facilidades para la realización de un evento inédito, que en esta edición alcanzó más de 1 millón 500 mil conexiones.

Twitter: @armayacastro

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