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En tiempos de la 4T, luchemos por lo nuestro

Por Salvador Mateo, vocero del Movimiento Antorchista en Jalisco


Con el riesgo de cometer alguna injusticia, considero que a estas alturas muchos mexicanos, sin considerar a los que se sienten efectivamente representados por el autollamado presidente de la 4T, Andrés Manuel López Obrador, quienes por su ambición de poder y dinero se han incrustado en el aparato del gobierno morenista y enlistado en las filas de Morena para obtener alguna prebenda; hay ciudadanos que debido a su falta de educación política creen que el proyecto que encabeza AMLO si es un régimen diferente de los que encabezaron sus predecesores inmediatos, quienes esperan, a pesar de que ya lleva 2 años en el poder, llegue a dar algunos resultados positivos en lo que resta de su sexenio, beneficien a los que hoy se encuentran en una situación de mayor pobreza y marginación.


Desde mi humilde punto de vista, la esperanza que aún embarga a buena parte del pueblo de México se debe a que el mandatario federal morenista López Obrador, un día si y otro también, se compara con las grandes figuras de la historia de nuestro país. Quiere emular a don Benito Juárez, Madero y Cárdenas, que los mexicanos admiramos y respetamos. Se ha visto que se refiere con mayor insistencia a don Benito y a Madero. Al General Cárdenas, a quien también dice admirar pero, lo menciona a menudo, tal vez porque no todos los cardenistas son fans de la 4T. Sin embargo los zapatos de los tres le quedan grandes, pues está muy lejos para alcanzar algunos de los méritos de los hombres que dice admirar y seguir su ejemplo como personaje central que está encabezando la 4T.


Sostengo que no es necesario ir muy lejos, ni se necesita un análisis profundo para detectar la diferencia abismal que hay tan sólo entre López Obrador y Francisco I. Madero, uno de los personajes centrales de la Revolución Mexicana. Para tal efecto, basta ver el vergonzoso papel de AMLO de negarse a bajar a ver sus paisanos de su tierra natal, que se encuentran inundados desde hace casi dos meses, porque se iba a mojar y podía enfermarse, actitud cobarde que contrasta con Madero quien, no titubeo en perder la vida por materializar su lucha y sus convicciones, un episodio que colocó al actual mandatario federal, incluso, por debajo de sus predecesores priistas y panistas quienes, no sólo se metieron al agua, sino entregaron apoyos a los damnificados por los fenómenos meteorológicos que se presentan año con año en esa parte de la geografía nacional.


AMLO, sin explicar en qué consiste ni el por qué, concibe su presidencia como una revolución popular. Una transformación social profunda similar en importancia a las revoluciones de: la Independencia, Reforma y la Revolución Mexicana. En este sentido, resultan interesantes las opiniones de algunos articulistas, quienes en sus colaboraciones señalan que no es coincidencia la narrativa que quiere imprimir la 4T, ya que Madero no fue un revolucionario sino solamente un burgués con ideas progresistas.


En efecto, para Madero la principal meta de la revolución era la democratización; es decir, realizar elecciones que sacaran a Porfirio Díaz del poder. Esta idea distaba mucho de ser compatible con movimiento genuinamente populares como el encabezado por Emiliano Zapata que buscaba, por encima de todo la justicia social por medio del reparto de la tierra. Con lo cual queda claro el por qué López Obrador con quien menos se compara son con los líderes revolucionarios Zapata y Francisco Villa, mucho más identificados con el pueblo mexicano en comparación con el demócrata Madero, al que el autodenominado presidente de los pobres (AMLO) llama el apóstol de la democracia.


En el marco del 110 Aniversario de la Revolución Mexicana, el presidente Andrés Manuel López Obrador destacó que en esta lucha se buscaba la justicia y la democracia, de ahí que se avanzó en mejorar las condiciones laborales de los trabajadores, pero no en la democracia. Esa fue la asignatura pendiente de la Revolución, pero aseguró que ahora la 4T está dando los primeros pasos para que esa demanda se pueda cumplir, que establezca el hábito democrático del país. Pero cabe preguntar por qué el gobierno morenistas está atacando y desmantelando el INE, el organismo que los gobiernos de los sexenios anteriores le habían concedido la autonomía para que organice elecciones libres. Con lo cual, no cabe duda de que las políticas de AMLO y sus seguidores van en sentido contrario de lo que dicen defender y perseguir, o sea precisamente las demandas de la Revolución Mexicana.


Considero que muchos mexicanos se dan cuenta que el discurso oficial de la 4T se desmorona en este 110 aniversario de la Revolución Mexicana, pues desde la llegada del liberalismo rampante en el sexenio de Miguel de la Madrid, ningún gobierno habla de Francisco Villa, ni de Emiliano Zapata, mucho menos de la deuda de la revolución con el pueblo trabajador, nadie hace nada para acabar con la pobreza y la desigualdad o el reparto inequitativo de la renta nacional. Con la Cuarta Transformación, la situación ha empeorado, ya que las mentiras son más descaradas.


El pueblo mexicano cada vez más, carece de alimento y de trabajo, las mujeres que sufren violencia se quedan sin amparo, ya no hay despensas, desayunos escolares, comedores comunitarios y escuelas de tiempo completo. Ya no hay vacunas para los recién nacidos, ni medicina para los niños con cáncer, para los afectados con VIH, ni para los diabéticos avanzados. No hay dinero para adquirir la vacuna contra el Covid-19. Tabasco se ahoga y ninguna instancia de gobierno le tiende en serio la mano.


La Revolución Mexicana fue la primera gran revolución social del siglo XX, anterior incluso a la Gran Revolución de Octubre en la Rusia de los zares. Sin embargo no fue una verdadera revolución popular, ya que una revolución popular debe reunir dos características esenciales: la participación activa y directa de las masas populares en su fase armada, en la lucha a muerte por el poder político, y que esas masas populares defiendan su propio proyecto de país, sus propios intereses de clase junto con los intereses de todos los demás sectores sociales.


En el caso de la Revolución de 1910 fue evidente que el pueblo no peleó defendiendo su propio interés, su propio proyecto de país. Fue la burguesía, la que tomó el poder, es por ello de que la verdadera revolución popular, la que tiene que librar el pueblo por su propia causa y para su propio beneficio, sigue siendo una tarea pendiente, en México y en la mayor parte del mundo actual. Por lo que hoy más que nunca se impone el llamado a luchar por mejores condiciones de vida para los mexicanos, está más vivo que nunca, ya que la pobreza y la miseria se han agudizado a causa de las políticas antipopulares impulsadas por AMLO. Todos los mexicanos deben organizarse y a formar una gran fuerza social para tomar el poder político por la vía democrática.


Ante tanta desgracia, dolor y sombras, hay una buena noticia. Desde la Revolución de octubre en Rusia, los pueblos del mundo han aprendido para qué sirve el poder, y qué es lo que deben defender como realmente suyo en las revoluciones del futuro. Terminó ya la era en la que el pueblo sólo era carne de cañón que otros hacían en su propio beneficio. Hoy, el reto es, o peleamos por lo nuestro y por los nuestros o no peleamos en absoluto, y en México ese reto está a la orden del día. Actuemos en consecuencia, manos a la obra por una patria nueva, más justa y prospera en beneficio de todos. En tiempos de la 4T luchemos por lo nuestro.


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